Bierzo Aire Limpio aplaude el discurso reivindicativo de Ricardo Palacios en la entrega de premios de ElBierzoNoticias
Probablemente, el momento más señalado de la última edición de los premios ElBierzoNoticias, en los que el equipo del periódico comarcal reconoció la trayectoria y el compromiso de cuatro personas y entidades que han luchado por su tierra y por mejorar la vida de sus vecinos, fue la inesperada respuesta de uno de los premiados.
En el acto, el equipo de ElBierzoNoticias quiso reconocer la trayectoria de Descendientes de J. Palacios, condecorada en los más prestigiosos rankings nacionales e internacionales del sector vinícola, y también el liderazgo ejercido por la bodega al impulsar el proyecto ConCiencia Seo-Selmo, en el que colaboran la Universidad de León y el movimiento ecologista berciano. Una propuesta ilusionante que convoca inteligencias y corazones, y que suma cada día a más personas del ámbito científico, de los movimientos sociales y la ciudadanía, todas ellas deseosas de contribuir a transformar El Bierzo en positivo, ofreciendo oportunidades ligadas a los privilegiados valores paisajísticos y naturales de la comarca. Porque la naturaleza no es un recurso, sino un vínculo; no es un botín, sino una promesa de futuro.
A juicio de quienes suscribimos esta nota, el instante culminante se produjo cuando Ricardo Palacios, en representación de la empresa Descendientes de J. Palacios, rechazó públicamente el galardón concedido. Y es que, como se atribuye a Mark Twain, rechazar un premio es otra forma de aceptarlo, pero haciendo más ruido.
En un discurso valiente y cargado de referencias directas, Ricardo Palacios denunció la falta de ética de una de las empresas más contaminantes del Bierzo: la cementera Cosmos de Toral de los Vados, propiedad de la multinacional brasileña Votorantim. Señaló cómo esta misma empresa, la que ahora pretendía reconocer sus méritos, interpuso una denuncia, en lo que la Unión Europea ha calificado como una demanda estratégica contra la participación pública (SLAPP, por sus siglas en inglés), contra toda la Junta Directiva de Bierzo Aire Limpio, de la cual Palacios formaba parte. La jueza archivó el caso, por supuesto, pero no antes de que la asociación ecologista sin ánimo de lucro se viera obligada a contratar abogados, lanzar un crowdfunding y organizar su defensa con recursos propios.
Defender el territorio frente a las agresiones de corporaciones y multinacionales como Cosmos Votorantim es, precisamente, tarea de quienes aman su tierra, Bierzo Aire Limpio desde 2008 y Palacios, como representante de la asociación durante muchos años. Es irónico y grotesco que una multinacional que emplea prácticas de acoso legal y contaminación ambiental intente ahora prestigiar a quienes luchan precisamente contra su forma de actuar. Y la respuesta no podía ser otra: un rechazo rotundo.
La aceptación social no se compra a golpe de talonario, sino que se gana con respeto. Podrán obligarnos a respirar el aire envenenado que generan y hacernos pagar con nuestra salud, pero no lograrán callarnos. La burla es inadmisible.
La valentía del gesto de Ricardo Palacios nos remite, inevitablemente, a febrero de 2010, cuando el poeta villafranquino Juan Carlos Mestre rechazó un premio de la Casa de León en Madrid. Con la elegancia de quien no está dispuesto a compartir mesa con el expolio, declinó el galardón al saber que sería entregado junto al empresario minero Victorino Alonso, símbolo de una actividad devastadora que su poesía combate con cada verso.
En una carta que forma parte del patrimonio moral del Bierzo, Mestre escribió:
“Mi pequeña y acaso prescindible conciencia de amor por la tierra del Bierzo (…) me ha llevado a creer (…) que esa es también mi única identidad como persona, el encargo que nadie me ha hecho pero que defenderé hasta el último día de mi vida: la defensa de la casa del padre.”
Rechazar un premio cuando se tiene toda la legitimidad para aceptarlo es un gesto que incomoda, que rompe el protocolo para recordarnos que no todo está en venta y rinde sentido homenaje a quienes saben que la conciencia es el único hogar que no se puede hipotecar; a los que no se dejaron domesticar; a quienes entienden que la militancia medioambiental no es una etiqueta decorativa, sino una trinchera ética.
El premio, en esta ocasión, ha sido la libertad de no aceptarlo. Y en esa libertad nos reconocemos y nos sentimos cómplices.
